Construyendo resiliencia mediante la organización mental y el manejo consciente de nuestros estímulos.
Este contenido tiene un propósito formativo y no está diseñado para diagnosticar ni tratar trastornos de ansiedad, estrés clínico o afecciones mentales.
"La calma no es un rasgo de personalidad estático, es una habilidad que se cultiva a través de decisiones diarias sobre dónde enfocamos nuestra atención."
Vivimos en la era de la sobreinformación. La tarea principal para mantener nuestro equilibrio no es absorber más datos, sino aprender a filtrar qué dejamos entrar en nuestro espacio mental.
Asignar periodos diarios (ej. 30 minutos antes de dormir) donde los dispositivos electrónicos quedan fuera de alcance. Esto permite al cerebro reducir las ondas beta de alerta.
Mantener un cuaderno para escribir tareas pendientes o preocupaciones. Trasladar la información del cerebro al papel reduce la carga cognitiva y facilita la concentración.
Sin necesidad de técnicas complejas, simplemente tomarse un minuto para realizar inhalaciones y exhalaciones rítmicas al notar tensión en los hombros o mandíbula.
La evidencia anecdótica y observacional sugiere que los espacios naturales tienen un profundo efecto tranquilizador. En Colombia, contamos con una vasta riqueza natural; aprovecharla, aunque sea en parques urbanos, favorece la reducción de la tensión acumulada.
Incorporar elementos biológicos en el hogar, como plantas o iluminación natural, imita estos efectos positivos, brindando pequeños "respiros" visuales durante las jornadas de trabajo en casa.
Evita la multitarea. Hacer una cosa a la vez preserva la energía mental.
Aplica la regla 20-20-20. Cada 20 min, mira a 20 pies por 20 segundos.
Aprende a decir 'no' a compromisos que no se alinean con tu capacidad actual.
Dedica 5 minutos al final del día para ordenar tu escritorio.
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